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¿Se puede escribir una novela sin escribir una sola palabra? Eduardo Marco lo ha conseguido

Foto del escritor: Wen Posada
Wen Posada
hace 2 días
3 min de lectura


Pessoa, Tolstói, Virginia Woolf, Cortázar o Dostoievski comparten páginas en El centauro que no fui, un experimento literario que convierte 136 libros de cien autores en una historia completamente nueva. Una propuesta tan insólita como fascinante que reivindica el placer de leer.


¿Y si para escribir una novela no hiciera falta escribir? ¿Y si bastara con leer, buscar, seleccionar y conectar las palabras de otros hasta conseguir que contaran algo que nunca antes habían contado? Esa es la premisa de El centauro que no fui, la primera novela de Eduardo Marco, un proyecto literario que juega con los límites de la creación y demuestra que, a veces, la originalidad también consiste en saber mirar de otra manera lo que ya existe.

El punto de partida es tan sencillo de explicar como complejo de ejecutar: construir una historia utilizando exclusivamente fragmentos de 136 libros escritos por cien autores. Y sí, Eduardo Marco no ha escrito ni una sola frase. Durante más de dos años revisó alrededor de 400 libros de su biblioteca personal hasta encontrar las piezas que necesitaba para dar forma a este particular universo narrativo.

El resultado es un encuentro inesperado entre algunas de las voces más interesantes de la literatura universal. Fernando Pessoa, Lev Tolstói, Fiódor Dostoievski, Virginia Woolf, Julio Cortázar, Emil Cioran, Sylvia Plath y Henry Miller son solo algunos de los autores que participan, sin saberlo, en esta conversación literaria a cien voces.


Una historia hecha de muchas historias

Pero que nadie se asuste ante el experimento: El centauro que no fui no es un ejercicio académico ni un rompecabezas reservado a especialistas en literatura. Es una novela con identidad propia, un relato que transita por temas tan universales como el dolor, la memoria, la soledad, el deseo y esa necesidad casi inevitable de seguir escribiendo.

Su particularidad está en que cada frase procede de otro lugar, pero al encontrarse con las demás adquiere un significado diferente. Como si las palabras, después de haber vivido en cien universos distintos, encontraran finalmente un nuevo hogar.

La propuesta también plantea una pregunta interesante: ¿dónde empieza realmente la creación y dónde termina la inspiración? ¿Escribir consiste únicamente en producir palabras propias o también en descubrir conexiones que nadie había imaginado? Marco convierte estas cuestiones en el motor de una novela que es, al mismo tiempo, un homenaje a sus lecturas y una reflexión sobre la originalidad.

Una carta de amor a los lectores

El proyecto nació de una relación profundamente personal con los libros. Para Marco, fotógrafo, artista visual y escritor nacido en Brasil en 1970, la literatura siempre ha sido un territorio de exploración estética. Su trayectoria incluye colaboraciones con figuras internacionales como Annie Leibovitz y la publicación de Óxido, reconocido con el Premio al Mejor Libro Editado por el Ministerio de Cultura.

Con El centauro que no fui, publicado por Círculo de Tiza, lleva esa inquietud creativa a un terreno especialmente singular. La obra cuenta con prólogo de Marcos Giralt Torrente y epílogo de Aurora Freijo Corbeira.

Una de las cosas más interesantes es que no hace falta conocer a los cien escritores que participan para disfrutar de la novela. Se puede leer de principio a fin como cualquier otra historia, dejándose llevar por su narrativa. Pero también existe una segunda posibilidad: descubrir de dónde procede cada fragmento y utilizar el libro como una invitación a regresar a las obras originales.

Y ahí está quizá uno de sus mayores atractivos: convertir una novela en una especie de mapa literario, una puerta de entrada a autores, libros y universos que quizá todavía no hemos descubierto.

En una época en la que parece que todo consiste en producir contenido nuevo constantemente, Eduardo Marco propone algo diferente: detenerse, leer, conectar y encontrar nuevas historias en las palabras que otros dejaron atrás.


Porque quizá la literatura no consiste solamente en escribir historias, sino también en aprender a descubrirlas entre las páginas de otros.

📚 El centauro que no fui, de Eduardo Marco. Publicado por Círculo de Tiza. Ya disponible en librerías.

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