En una ciudad donde cada semana aparece un nuevo concepto gastronómico, encontrar algo con identidad propia no siempre es fácil. Pero eso es precisamente lo que ocurre al entrar en Brutta, una focaccería de Barcelona nacida de una historia tan simple como poderosa: cuatro amigos argentinos que se conocen desde los cinco años y decidieron cambiar su vida después de una crisis existencial de los 30.