Jaques a la rutina: así es Bar.64, el bar donde cada copa es una jugada
- Wen Posada
- 8 mar
- 2 Min. de lectura

En una ciudad donde cada esquina compite por reinventar la noche, Bar.64 juega en otra liga. Aquí no vienes solo a tomar algo: entras en una partida. La penumbra elegante, el murmullo medido y esa sensación constante de “algo está por empezar” convierten el espacio en un tablero vivo. Todo nace de una obsesión compartida —el ajedrez como lenguaje social y la coctelería como arte de precisión— que se traduce en una experiencia donde cada detalle tiene intención.

La propuesta se disfruta mejor en modo compartir, como toda buena estrategia en equipo. En nuestra visita, abrimos con las Bolas de queso “Double Trouble”, crujientes por fuera y con un interior fundente acompañado de salsa de queso ahumado que pide repetir jugada. El pulpo a la parrilla, servido sobre puré de patatas y una delicada salsa cremosa de limón, aporta ese equilibrio perfecto entre intensidad y suavidad. Las gambas al ajillo, salteadas en aceite de ajo, llegan con carácter y aroma, mientras que el mosaico de feta con frutos rojos —cubos de feta con fruta de temporada y miel— introduce un contraste fresco y goloso que sorprende.

La carta líquida sigue la lógica del tablero: empieza con el Opening, cócteles más accesibles pensados para romper el hielo, pero es en el recorrido completo donde se revela la jugada maestra. Cada creación no solo mezcla ingredientes, sino ideas. Aquí beber es interpretar, dejarse llevar por combinaciones que cuentan historias y referencias que conectan con el universo del ajedrez.

En el centro de la partida está el Gambit, donde aparecen nombres y mezclas que no pasan desapercibidas. Counterplay combina ron, miso, almendra, naranja y fruta de la pasión en una jugada audaz; Fischer’s Sour mezcla whisky, manzana y aceitunas como guiño al mítico Bobby Fischer; mientras que Queen’s Gambit apuesta por Absolut, feta, fino sherry y tomate en una apertura tan icónica como su nombre. También destacan The Fork (Beefeater Black, fresa y pimiento rojo) o Tal’s Sacrifice, con ginebra, vermut, trufa y naranja, puro riesgo bien calculado.

El final, como en toda buena partida, es lo que se queda contigo. En el Endgame, cócteles como Fianchetto —con Martini Fiero, Cynar, albahaca, pomelo, prosecco y ginger ale— o Knight’s Move, con Olmeca, lichi, jalapeño y horchata, rematan la experiencia con personalidad. También hay espacio para clásicos reinterpretados como Castling o guiños contemporáneos como Magnus’ Mule. Porque en Bar.64 no solo se cena o se bebe: se juega, se arriesga y, sobre todo, se disfruta cada movimiento hasta la última jugada.










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