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Cuadro: el restaurante de Poblenou que convierte cada cena en una experiencia sensorial

  • Foto del escritor: Wen Posada
    Wen Posada
  • 1 dic 2025
  • 2 Min. de lectura


En el corazón creativo de Poblenou, donde las antiguas fábricas se han transformado en estudios de arte y espacios de diseño, hay un restaurante que captura perfectamente ese espíritu: Cuadro. Un lugar pensado para quedarse, para compartir y para convertir una simple cena en un pequeño ritual cotidiano. Aquí el plan no es complicado: buen vino, buena compañía y platos que invitan a alargar la conversación.



La idea nace de una nostalgia bien entendida. Su fundador, francés de la Cataluña Norte, quiso traer a Poblenou ese concepto tan mediterráneo de mesa viva: salir de casa para picar algo, abrir una botella y dejar que la noche suceda. Cuadro no busca impresionar con artificios, sino con sensaciones. Y eso se nota desde que te sientas: hay algo en el ambiente, en la cercanía del equipo y en la forma de presentar cada plato que hace que todo fluya.


La carta, fiel a esa filosofía, mezcla riesgo y confort con bastante personalidad. En la sección “para compartir”, aparecen platos que funcionan como excusa perfecta para pedir “uno más”: desde un pan con tomate y ajo de toda la vida hasta unas patatas bravas con kimchi y alioli que le dan un giro inesperado al clásico. El dúo de hummus (clásico y de remolacha) aporta frescura, mientras que la focaccia artesanal con burrata trufada, tomates cherry y pesto juega en esa liga que nunca falla. Y luego está la gamba kataifi, crujiente y adictiva, con ese toque de maracuyá y mango que te obliga a repetir.



Pero si hay un plato que define el espíritu de Cuadro es la costilla cocinada a baja temperatura: melosa, tierna, de esas que se deshacen sin esfuerzo y elevan cualquier cena. También destacan propuestas como el tiradito de lubina con leche de tigre y chips de plátano, que aporta frescura y contraste, o la berenjena asada con miso y frutas de temporada, perfecta para quienes buscan algo más ligero sin renunciar al sabor.



Y luego están las tablas de queso, auténtico sello de identidad. Inspiradas en artistas como Miró, Gaudí o Dalí, cada una es una pequeña obra comestible donde la selección, los colores y los acompañamientos están pensados como una composición artística. El broche final lo ponen postres como la torrija de brioche con helado de vainilla o la sorprendente crema de limón “eléctrica”. Porque en Cuadro, más que venir a cenar, vienes a vivir algo. Y en un barrio como Poblenou, eso lo cambia todo.




C/ de Pamplona, 33, 08005 Barcelona

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